1987. Hanni Ossott publica El Reino donde la
Noche se Abre. En su poema largo, El País de la Pena, sostiene un epígrafe, es
un verso de T.S. Elliot: “te enseñaré el miedo en un puñado de polvo”. En algún
lado Hanni escribe: “Y lejos veo los barcos / barcos cargados de llanto, de
indignación/barcos magdalenas”.

1989. Marzo. Finaliza el toque de queda. El
historiador y la poeta han tenido que convivir por días con el hueco en la
pared, los escombros, el polvo de la remodelación inconclusa. En el congreso de
la nación, Rafael Caldera dice: Venezuela ha sido una especie de país piloto.
En este momento es lo que los norteamericanos llaman show-window, el escaparate
de la democracia en América. Ese escaparate lo rompieron a puñetazos, a patadas
y a palos los hambrientos de Caracas….
1989. Noviembre. Cae el muro de Berlín.
2002. Abril. No pasarán gritan unos. Ni un paso
atrás, espetan otros. Es un muro, casi invisible, digo. Sí, una ciudad puede ser
un muro entre dos enormes abismos. Apostados a la entrada de RCTV, defensores
del oficialismo arrojan palos a la enorme vitrina de su vestíbulo. Se abre una
grieta, pero ¿cuándo estuvo cerrada?
2002. Diciembre. Paro petrolero. El barco Pilín
León se convierte en un desquiciado emblema. Manuel Caballero llama a Magdalena
Ossott, le dice que Hanni Ossot murió.
